• Una dinámica que se logra con el trabajo en equipo

¿Quieres, como padre, dejar de repetir que hagan las cosas mil veces y no parecer un disco rayado? La clave está en diseñarles rutinas a tus hijos para que hagan las cosas. Eso, además, les traerá grandes beneficios psicológicos y emocionales.

Comencemos por saber que la rutina es aquella actividad que realizamos de forma regular y periódica; y el hábito es el modo de actuar aprendido o adquirido para poder conseguir que una rutina se lleve a cabo de manera satisfactoria.

La rutina es una costumbre personal establecida por conveniencia, que no permite modificación y que puede desaparecer. Por ejemplo, colocar el morral en la entrada al llegar o ponerlo encima de la cama. El hábito, sin embargo, es un mecanismo estable que crea destrezas y que además podemos usar para distintas situaciones como abrocharse la chaqueta.

Tanto las rutinas como los hábitos aportan un componente importantísimo de constancia y regularidad y, por ello, son fundamentales tanto para la vida familiar como la escolar.

Emprendamos el camino

Vamos un poco más allá y veamos por qué realmente es tan importante el tema de las rutinas, para los niños y para los adultos.

Los niños necesitan seguir una rutina para sentirse seguros y tranquilos en su ambiente. Esa rutina establece horarios, pero además hábitos repetitivos que ayudan a construir un equilibrio emocional que les proporciona un mecanismo importante para su educación y la construcción de su personalidad.

Como decía, una rutina es una costumbre de hacer algo de manera determinada, regular y periódica. Cuando una rutina se aprende, se acaba creando un hábito. Esto es especialmente importante para fomentar la autonomía y comprender mejor el entorno del adolescente.

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La falta de rutina puede provocar una sensación de desorden, desorganización, inseguridad y mal comportamiento, ya que no saben qué hacer. Esto puede conllevar problemas de comportamiento, pero también de alimentación, de sueño o de socialización. Sin embargo, demasiadas rutinas pueden acabar aburriendo o creando inflexibilidad. La clave es un equilibrio entre ambas opciones.

Heintzelman y King presentaron un trabajo en el congreso anual de la Sociedad de Personalidad y Psicología Social de Estados Unidos en 2019. En esa oportunidad explicaron que los individuos que “prácticamente todos los días hacían unas mismas cosas” hallaban la vida más sustanciosa, incluso si se tenían en cuenta aspectos como la atención consciente, la positividad o la religiosidad.

Mientras que para Kareen Portugueiz, psicopedagoga de Clínica Alemana, “los niños no van a realizar sus actividades de manera espontánea; está en los padres crear los hábitos y rutinas y, ojalá, desde pequeños”.

Todas nuestras conductas –sean físicas, verbales o emocionales– utilizan la energía mental que está asociada con la energía fisiológica basada en la alimentación, sueño, pausas y descanso. 

El psiquiatra y educador Rudolf Dreikurs mencionó en uno de sus libro que “la rutina diaria es para los niños lo que las paredes son para una casa, les da fronteras y dimensión a la vida. Ningún niño se siente cómodo en una situación en la que no sabe qué esperar. La rutina da una sensación de seguridad. La rutina establecida da un sentido de orden del cual nace la libertad”.

El paso a paso

Estamos iniciando un nuevo año escolar y es el momento perfecto para tomarte el tiempo y diseñar, junto a tus hijos (claro dependiendo de la edad), nuevas rutinas que lo apoyaran en el día a día. De hecho, es el momento que uso para generar nuevas rutinas que me hagan más productiva. El trabajo en equipo es lo que dará motivación extra. 

Así que para poder diseñar una rutina:

1. Determina lo que quieres lograr

En este punto el tema es la meta que quieres conseguir. En el caso de los adolescentes, ser más efectivos a la hora de estudiar; los niños, crear un hábito de estudio como base; para los padres, organizar el día para optimizar el tiempo o hacer ciertas cosas personales sin que los interrumpan como meditar, hacer ejercicio.

Esto es un tema muy personal, así que necesitas un poco de reflexión. 

2. Determina las prioridades

Ellas te permitirán discernir entre lo que debes hacer primero, lo que puedes hacer después y lo que no puedes hacer para así delegarlo a alguien más.

Lo vital en este punto es que puedas diseñar una sola rutina a la vez. Cuando pase el tiempo y la tengas establecida, puedes trabajar en otra. De esa forma no te desenfocarás. 

Ahora, el tiempo que durará la rutina lo estableces tú: puede ser una hora, dos horas o la mañana.

Personalmente me gusta trabajar la rutina no por tiempo, sino por pasos, de esa forma puedo tomarme el tiempo de disfrutarla. Otra cosa es que en el día podemos sufrir imprevistos y haciéndolos por pasos puedo solventarlos, ignorarlos o pasarlos sin que sienta que no cumplí mi rutina. Lo que me permite un poco de flexibilidad. 

3. Establece un orden

Teniendo clara qué rutina vas a trabajar debes escoger cuáles son las tareas que debes hacer. Ejemplo, ordenar el espacio de estudio, buscar todo lo que necesito para no estudiar sin tener que levantarme a cada momento (lo que hace que pierda el enfoque), abrir las ventanas para tener más ventilación, elaborar una lista de las cosas que debo hacer en el día.

4. Determina qué sigue después

Al terminar esa listas de pasos debo tener la actividad inmediata, que si seguimos con el mismo ejemplo puede ser iniciar una técnica de estudio como la Pomodoro y abrir los libros para estudiar o sentarme a ver la clase. 

 ¡De esta forma tendrás tu rutina diaria!

Un dato importante: procura que tu rutina diaria contenga pocas tareas. Luego podrás ir agregando más, conforme te acostumbres a hacer las que incluiste al principio sin que te cueste tanto.

La idea en este punto es que te acostumbres a establecer tu rutina diaria, no tanto a realizar montones de cosas cada día. 

En cuanto al tiempo, esas mismas acciones según los estudios se deben repetir 21 días seguidos, pero parto de que no todos somos iguales y algunos podemos tardar un poco más en fijar las rutinas en nuestra mente, así que recomiendo que el promedio sea de 30 días. 

Ahora, como hablamos de rutinas escolares, la idea es que los fines de semana lo tomen para descansar. Parte de la rutina será evitar hacer tares esos días, para así comenzar los lunes de nuevo.

Es momento de la práctica

Como padre, debes tomar algunas acciones en cuenta a la hora de comenzar a implementar la rutina.

  1. Cuanto antes empieces, mejor. No le des largas a comenzar a implementarlas. Y si tienes niños pequeños diséñale una rutina que apoye lo que serán sus rutinas escolares, así tendrás varios pasos adelantados
  2.  Tú eres su modelo. No olvides nunca que una parte importante del aprendizaje de los humanos es por observación, por ello, si él vive embarcado en un clima familiar rutinario le será mucho más fácil establecer su propia rutina.
  3. Cárgate de antídotos a posibles futuras complicaciones. Tómate un tiempo de reflexión y diseña una tabla, calendario o plantilla para que vayas colocando los días que llevas haciendo la rutina, verás que eso te motivará y será más alcanzable para los niños. No olvides que los imprevistos llegaran, así que respira.
  4. El domingo, día perfecto para planificar su semana: reserva un tiempo el domingo por la tarde para planificar su semana de manera conjunta.

En casa usamos el método de la reunión familiar, donde diseñamos la semana, colocamos las metas, definimos quién necesita algún apoyo especial, entre otros. Es un momento divertido que hace que todos nos motivemos.

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Ten en cuenta:

  • Antes de comenzar, explícale por qué es necesario para él su rutina, de esta forma le dará un sentido y responsabilidad. Y si son adolescentes el ¿por qué? los ayudará a tener el combustible interno para seguir adelante.
  • Es importante que sea regular. Todos los días a la misma hora.
  • Los horarios deben ser realistas.
  • Al final del día revisa conjuntamente si ha cumplido con su reto diario, si es así prémiale si es pequeño con una calcomanía en su tabla, un check. ¡Siempre refuerzo positivo!
  • Establece conjuntamente cuál será su premio semanal si consigue todos sus puntos. Importante: esto no es solo para los pequeños, sino para los adultos también. Ahora, el premio no debe ser comida, esto hará que dé un valor inadecuado a la comida, lo que puede traer problemas en un futuro. Así que en este punto hay que ser creativos.

Como ejemplo, mi hijo pequeño escoge una película que quiere ver y la vemos acostados con cotufas; el más grande pide tiempo con sus amigos por video llamada.

  • ¡Últimos 5 minutos! Avisa a tu hijo cinco minutos antes del cambio de actividad, si es pequeño.
  • Introduce cambios de vez en cuando. No todas las semanas deben ser iguales, es importante que haya algunos pequeños cambios para no caer en la monotonía y cumplir el objetivo de construir metas inflexibles.

Pero recuerda, es un largo camino el que debes recorrer para crear los hábitos y rutinas en tu pequeño, vas a requerir una gran dosis de paciencia y trabajo en familia para que el resultado final sea exitoso.

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