- La escasez del suministro de combustible ha permitido que el venezolano pase de la mentalidad de estatismo mágico hacia una de construcción de capacidades y corresponsabilidad
Cuando a Óscar Larez, de 25 años de edad, se le pregunta qué piensa sobre tener que pagar el litro de gasolina a 0,50 dólares responde sin titubear. “No me importa mientras solucione mi vida, me evite colas y peleas. Además, para pagarle 20 dólares a un bombero o Guardia Nacional para que me colee, prefiero hacerlo a precio internacional”.
Su respuesta pareciera ser más resiliencia que resignación ante un escenario de escasez que se prolonga día a día. Un hecho que está conduciendo al venezolano a olvidarse de un subsidio del que antes era impensable desprenderse. En tiempos de la pandemia por covid-19, se evidenció que el modelo de venta de combustible económico ya no va más. La gasolina pagada en dólares forma parte de la tan citada “nueva normalidad”.
El economista Luis Oliveros cree que la coyuntura actual rompió con la idea de la gasolina económica. Afirma que el venezolano siempre pensó que se merecía no solo la gasolina regalada, sino también los servicios públicos porque le vendieron la idea que éramos un país rico y “compró completa la mentira”. Considera que la necesidad actual hace al venezolano valorar lo que tuvo.
En entrevista para El Diario afirma que lamentablemente hay un porcentaje importante de la población que no puede costear montos en dólares. Ellos son quienes hacen (y harán) colas para surtir gasolina en bolívares. “No pueden darse el lujo de gastar $20 llenando un tanque”. Sin embargo, apunta que “esa gasolina barata va a desaparecer”.
Adiós al subsidio de gasolina
Por su parte, el dirigente sindical Iván Freites anunció el lunes 21 de septiembre a través de su cuenta en Twitter que gracias a los trabajadores se reiniciaron las operaciones del craqueador catalítico de la refinería Cardón. Un hecho que permite comenzar a producir 32.000 barriles de gasolina por día, es decir, aproximadamente 5.000.000 de litros.
Trabajadores logran reactivar producción de gasolina en la planta catalítica (FCC), de la refinería Cardón, son 25 mil barriles diarios de gasolina a partir de hoy 21/09, esperamos que la gasolina llegue a la gente, no a los enchufaos y sus camionetotas..
— @IvanRFreites (@IvanRFreites) September 21, 2020
La planta catalítica (FCC) de la refinería Cardón hoy subió la producción de gasolina a 32 mil barriles, te exigimos Víctor Clark Para Falcón se distribuyan 2200 barriles(350 mil litros) diarios, son 10 gandolas de 35 mil lts, 4 Paraguaná, 3 Coro-La Vela,1 Occidente y 1 Oriente
— @IvanRFreites (@IvanRFreites) September 22, 2020
Pero esa cantidad solo representa el consumo diario de la ciudad de Caracas. La ciudad capital se ha estado abasteciendo a cuenta gotas con gasolina proveniente de El Palito e importada, cuyo origen y costo para el Estado venezolano es incierto. Todo esto ha agudizado la escasez, ha incrementado las colas y empuja a quienes tienen el poder adquisitivo a acudir a las estaciones que venden gasolina a precio dolarizado.
No hay información clara sobre el precio al que está comprando la gasolina importada el régimen de Nicolás Maduro. En lo que sí coinciden los analistas es que debido a las sanciones Venezuela está pagando “la gasolina más cara del mundo” porque cancela un precio con una prima muy elevada. Y el venezolano como consumidor final también, porque buena parte está pagando más de los $0,50 establecidos por el régimen en algunas estaciones de servicio.
“Habría que ver en un gobierno distinto cómo se plantea el precio del combustible. Sí hay situaciones en las que se necesita el subsidio, pero no debe ser a la oferta. Porque sucede como lo que pasó durante años con el contrabando de gasolina. Yo plantearía el subsidio directo y que sea bien financiado”, dice para El Diario.
Cambio del ideario venezolano
Mientras el régimen de Maduro pedalea para ganarle la carrera al desabastecimiento, hay voces que plantean permitir al sector privado importar gasolina para acabar con la escasez en cuestión de días.
Pero más allá de los planes y mecanismos que permitan abastecer las estaciones de servicio del país, la crisis que viene arrastrando la nación desde 2014 y el desabastecimiento de gasolina como una expresión más de ella, tienen el tiempo suficiente como para haber comenzado a operar cambios profundos y perdurables en los patrones de comportamiento, de desempeño y en los niveles de demanda de los venezolanos.
El sociólogo Edison Arciniegas afirma que efectivamente la coyuntura actual pudo haber borrado, sustituido y cambiado “la cultura del regalado”. La visión de la Venezuela rica en la que el Estado tiene que proveer a los ciudadanos.
Explica que el venezolano que está haciendo cola por gasolina a $0,50 sabe que esta tiene un costo y hay que pagarlo.“Se entiende que las cosas valen y se comprende cuando sienten la escasez y la no presencia del producto” explica Arciniega.
Asevera que hoy se podría empezar a construir estructuras de costos tomando en cuenta el valor del combustible. Indica que al ciudadano le va a parecer razonable pagar por ese producto, pues entiende que no hay bien más caro que el que no se produce.
“Si le transferimos ese costo al consumidor, él lo va a tomar en cuenta como positivo. Entonces, ese elemento queda como perdurable”.
Ante un panorama de democracia y libertades económicas, cree que no debería haber ningún temor en mantener un esquema de cobro a la par del internacional. Apunta que la crisis actual ha logrado que la sociedad venezolana haya evolucionado. Ha pasado de una mentalidad de estatismo mágico hacia una mentalidad de construcción de capacidades y corresponsabilidad.
“El país nunca va a ser igual que antes, vamos hacia una nación mucho más liberal. Las demandas de los ciudadanos hoy van orientándose hacia tener condiciones para hacer las cosas por ellos mismos. Esa es una demanda general, inclusive en quienes tienen menos recursos. Eso nos revela la liberalización del imaginario venezolano”, apunta Arciniegas.