Venezuela es quizá el país con las mayores reservas de crudo, pero su industria petrolera colapsó, derribando a un país entero con ella. La producción sigue cayendo, y se coloca ya en números de la época de Juan Vicente Gómez, a menos de 400.000 barriles por día.

Petróleos de Venezuela SA (Pdvsa), la que fue una de las compañías más respetadas y lucrativas petroleras, ahora está constantemente en las noticias por su declive: caída de la producción, por cómo nadie quiere comprarle crudo a excepción de pequeños intercambios, accidentes constantes, o las batería de sanciones que se le han impuesto precisamente por los escándalos de corrupción, mal manejo financiero y su impacto en la sociedad venezolana.

La Pdvsa del chavismo nos llevó de la enfermedad holandesa a la hambruna, con 90% del país en pobreza. Durante los años noventa, el entonces presidente Rafael Caldera abrió la industria a capitales extranjeros; Hugo Chávez se benefició de eso y por ende corporaciones como Exxon, Conoco-Phillips y Total, estaban sumando millones de barriles por día, lo que representaba para el país en el período de 2004 a 2013, un 300% del PIB anual. Fue la mayor «bonanza» que le permitió a Chávez en 2005 regocijar todos los contratos para comenzar un proceso de nacionalización dura, dando muestras de un giro en su política. 

Para 2008-09, Chevron y CNPC firmaron importantes contratos para proyectos muy ambiciosos. El gobierno necesitaba inversión extranjera y pensó que, con los precios del petróleo más altos, iban a invertir a pesar del riesgo relacionado con la ausencia de estado de derecho, en particular las violaciones al derecho de propiedad, los escándalos de corrupción y las cláusulas rígidas que establecen un beneficio fiscal sustancial para el Estado. Pero millones de dólares entraron y los mismos se despilfarraron o perdieron.

Pero fue en 2014 que Pdvsa tuvo dificultades, la compañía no tenía efectivo para hacer los movimientos necesarios para evitar el colapso de la producción, por lo tanto tuvo serias dificultades financieras y, al mismo tiempo, las dudas sobre invertir en crudo extrapesado. Para 2015 la compañía que logró tener posiciones sólidas no solo en Venezuela, sino también en el extranjero, decidió que era hora de vender sus activos: diferentes proyectos de empresas conjuntas o incluso acciones en diferentes corporaciones de la región, solo para obtener efectivo rápidamente.

Pdvsa, durante el auge que vivió, decidió financiar diferentes proyectos sociales en beneficio de Chávez y Nicolás Maduro, siendo un brazo más del proyecto político; para ello necesitaban efectivo y no evitarían a toda costa acudir al Fondo Monetario Internacional (FMI), así que decidieron emitir deuda financiera (bonos) denominados en dólares estadounidenses. 

Hoy esos bonos de Pdvsa están en default y Pdvsa quebrada…y así lo está Venezuela.

No es posible un rescate del propio Estado porque 96% del ingreso venezolano proviene de las exportaciones de petróleo y nadie quiere invertir en el país con Maduro en el poder.

El chavismo quebró a Pdvsa y comprometió a Citgo, cuando en 2016 evitó el incumplimiento, la primera ofreció un canje con una garantía con acciones de Citgo en los EE UU, el activo más importante de Pdvsa. El intercambio (swap) consistió en que los tenedores de los bonos de 2017 (4.1 billones de Pdvsa 17N y 3.000 millones de dólares de Pdvsa 17O) lo cambiaran por un nuevo bono de instrumento (Pdvsa 20) con un cupón de 8,5% y cuatro pagos iguales a partir de 2017, una garantía de 50,1% de las acciones de Citgo y una relación de intercambio de capital de 1,22: 1 para Pdvsa 17N y 1,17: 1 para el Pdvsa 17O. La compañía petrolera acordó recibir menos de 75% de los bonos para hacer el intercambio. El resultado (que no alcanzó las expectativas de Pdvsa) logró en ese momento que la empresa no comprometiese su solvencia.

Hoy, algunos personeros políticos dicen que se ha perdido Citgo por culpa de Juan Guaidó y su equipo, pero la realidad es otra: haciendo una breve cronología de medidas, la Orden Ejecutiva (O.E.) 13.808 de 2017, paralizó nuevas emisiones o refinanciaciones de la deuda de Pdvsa, comprometiendo aún más su situación financiera.

En 2018, con la O.E.13.825, se extienden más esas restricciones, iniciando una protección especial para las acciones de Citgo, y luego la O.E. 13884, de 2019, que establece prohibiciones generales para contratar con el régimen de Maduro; además de un conjunto de licencias especiales, la más reciente renovada el pasado 15 de julio protegiendo a Citgo de cualquier ejecución legal por incumplimiento. 

Esta misma semana el enviado especial del Departamento de Estado de EE UU, Elliot Abrams, envió una comunicación a una Corte en el estado de Delaware en la que afirmaba que cualquier ejecución contra Citgo o PDV Holding comprometería la política exterior de EE UU y del liderazgo legítimo de Venezuela, con miras hacia una transición democrática.

Hoy, el país debe cerca de 150 mil millones de dólares, se le negó el acceso al FMI, no hay inversionistas dispuestos a inyectar dinero al actual régimen; ni China ni otros países han invertido en los últimos años y la región está desesperada por encontrar una solución a la crisis, pero somos los venezolanos lo que más la necesitamos.

Pdvsa y, por lo tanto, Venezuela, son un caso extremo de cómo las cosas pueden salir mal cuando la democracia falla, y las políticas fiscales y monetarias no crean un modelo de crecimiento sostenible; solo logran desalentar la inversión extranjera y la competitividad.

El modelo de Chávez y Maduro rompió la “gallina de los huevos de oro” y logró lo que nadie pensó que podría pasar: el mito del país rico se esfumó y hoy Venezuela es el país más pobre de la región.

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