• La posibilidad de unos comicios electorales en Venezuela toma forma en la opinión pública luego de la activación de la mesa de diálogo entre el régimen de Nicolás Maduro y la oposición

Unas nuevas elecciones presidenciales parecen vislumbrarse en Venezuela. Las negociaciones en Barbados entre el régimen de Nicolás Maduro y la oposición determinarían la realización de unos comicios libres y transparentes. A pesar de la reticencia al diálogo de grandes sectores de la población, y del rechazo a la idea de elecciones por parte de voceros del chavismo, la salida del conflicto político por la vía electoral es la opción que lidera la opinión pública nacional.

Un sondeo de la encuestadora Delphos para la Universidad Católica Andrés Bellos (UCAB), realizado a finales de mayo, reveló que 65,6% de la población está decidida a participar en unas elecciones presidenciales “si fueran este fin de semana”. Sin embargo, al ser una pregunta abierta, es difícil predecir si los encuestados respondieron pensando en unos comicios con un nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE) o con las autoridades actuales. Con los condicionantes de un cambio en el CNE, la presencia de observación internacional, así como la opción de que Maduro renuncie y no sea candidato, la cifra de quienes aseguran que participarían aumenta a 70,2%.

No obstante, lograr esas condiciones no resulta fácil en un contexto en el que la decisión pasa, principalmente, por los jerarcas del oficialismo. Desde ya el presidente de la asamblea nacional constituyente, Diosdado Cabello, avisó que no se realizarán elecciones presidenciales próximamente y que a Maduro le quedan “cinco años y seis meses” en el poder. Si bien podría ser una estrategia para desmotivar al electorado opositor, desde el chavismo no han dado señales públicas de aceptar un proceso electoral en los próximos meses.

El director del Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la UCAB, Benigno Alarcón, aseguró para El Diario que no cree posible que el gobierno de Maduro esté dispuesto a acordar unas elecciones. Argumentó que para el chavismo realizar una elección supondría negociar sus condiciones de salida del poder, puesto que considera que es “prácticamente imposible” que gane en unos comicios.

Félix Seijas, director de Delphos, coincide con esa visión, pero agregó que el gobierno de Maduro solo aceptará la convocatoria de un proceso transparente si la oposición logra articular la suficiente presión para ello, algo que considera difícil pero no imposible. Consideró que esa presión dependerá, a su vez, de lo que logre en el ámbito internacional y de si mantiene a la población movilizada en torno a la idea de una salida negociada o electoral.

El movimiento liderado por el presidente encargado de Venezuela, Juan Guaidó, no ha logrado convencer a sus seguidores y a la sociedad en general de que la consecución de lo que ellos han denominado como el “cese de la usurpación” pasa por la vía del diálogo. El fracaso de las mesas de negociación hasta ahora pone en duda su capacidad de llegar a un acuerdo en ese sentido.

Una encuesta de Datanálisis de mayo pasado reveló que 41,9% de la población desea el diálogo y un acuerdo de elecciones, mientras que 37,5% desea una salida militar, ya sea por un golpe de Estado o por la intervención extranjera. Sin embargo, cuando la pregunta fue qué cree sucederá, solo 23,7% eligió la opción de diálogo y elecciones. La cifra de quienes creen que la salida será por la fuerza aumenta a 39,7%. A su vez, 93% de los opositores considera que el diálogo es una estrategia del gobierno para ganar tiempo.

Alarcón consideró que el escepticismo de los habitantes al entendimiento entre gobierno y oposición no se traduce en una eventual falta de apoyo a los acuerdos que se produzcan. “Una cosa es apoyar el proceso de negociación, y otra cosa es lo que la gente hará con el resultado de ese proceso en caso de que lo consideren bueno”, dijo.

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Guaidó parte con el favoritismo

Una vez planteado el escenario electoral, los analistas coinciden en que el éxito de la elección dependerá de la estrategia opositora para lograr la movilización de la sociedad. Para ello, dicen, deberán acudir con una estrategia unitaria. Todas las encuestas apuntan a un nombre: Juan Guaidó.

De acuerdo con Datanálisis, 40,8% de los electores votaría por Guaidó en unas elecciones presidenciales. Del lado opositor solo le sigue María Corina Machado con 1,4% y Leopoldo López con 1,1%. Solo 9,4% respondió que lo haría por Nicolás Maduro, mientras que 27% no sabe por quién votaría. En el caso de una elección entre Guaidó y Maduro, el también presidente de la Asamblea Nacional obtendría 81,2% de los votos y el oficialista 18,8%.

En cuanto a la confianza en los líderes políticos, el sondeo de Delphos determinó, con base en un índice de 0 a 1 punto, que el presidente interino también lidera la lista, con un promedio de 0.51. Le sigue Leopoldo López con 0.42, Machado con 0.36 y Delsa Solórzano con 0.28. Dentro del oficialismo, el más cercano es Vladimir Padrino López, con un promedio de 0.20, misma cifra que Maduro.

El tamaño de la muestra para la encuesta de Delphos, que fue realizada del 17 al 3 de mayo, fue de 1.200 personas de todo el país, y una precisión de +/- 2,0% para la mayoría de las estimaciones de frecuencias simples.

“No hay dudas de que Guaidó es la figura más emblemática, el líder mejor posicionado en este momento. Creo que la oposición está obligada a apelar a su recurso y a su liderazgo más prominente, en vez de estar inventando, porque eso puede complicar su situación interna y favorecer al gobierno, generando una hipotética victoria gubernamental producto de la división opositora”, comentó para El Diario Jesús Seguías, presidente de Datincorp.

Aseguró que en la actualidad ve a una oposición “más coherente y centrada”, por lo que no observa un proceso de “autodisolución” de su liderazgo, que afirmó, se produciría en el país de no llegar a acuerdos internos.

Para Alarcón, el escenario más probable es que la oposición acuda a unas eventuales elecciones con la candidatura única de Guaidó, por ser el dirigente con más aceptación en la población. Indicó que esto también aumentaría los niveles de participación incluso en un escenario en el que las condiciones no fueran las ideales.

“En el caso de que la diáspora no pueda participar en los comicios, la oposición al régimen obtendría entre 9 y 10 millones de votos potenciales, mientras que el chavismo solo recibiría 6 millones de votos, aproximadamente. El sufragio opositor aumentaría a 12 o 13 millones en caso de que los venezolanos en el exterior puedan votar”, calculó Seguías.

Maduro, el lastre del chavismo

El panorama para el chavismo en unas elecciones es dramático. A la pérdida de apoyo del movimiento (solo 26,3% se considera chavista, de acuerdo con Delphos), se suma la falta de candidatos que cuenten con la popularidad suficiente en la población, y la desaprobación de Maduro, la cual es de 90% según Datanálisis.

La presencia de quien desde la oposición llaman “usurpador” en unas elecciones no solo desestabilizaría las opciones de una victoria del chavismo, sino también afectaría el voto opositor.

“Si Maduro es candidato, hay una parte de la población opositora que siente que de esa manera no se debe participar. Este apoyo se desactivaría, pero la oposición puede, a través de un mensaje comunicacional, rescatar esa parte de la abstención. Ahora, si no es candidato, el chavismo tiene la oportunidad de rescatar un punto que ha perdido”, comentó Seguías.

Añadió que si logran conseguir un sustituto que logren mercadear como “la figura que va a rescatar los ideales de Chávez”, podrían capitalizar una parte de los adeptos al PSUV que se desprendió luego del fallecimiento del ex presidente.

Del 26,3% que se identifica con el chavismo, 13,9% dice no apoyar a Maduro. Entre ellos, la persona que genera más confianza es Padrino López, quien hasta ahora no ha manifestado públicamente su aspiración presidencial. Le sigue el mismo Maduro, Diosdado Cabello, Héctor Rodríguez y Rafael Lacava.

Sobre estos dos últimos nombres, Seguías considera que pueden ser los elegidos para mercadear como los sustitutos de Chávez, al no estar tan relacionados con Maduro. Explicó que esto pudiera tener un efecto sorpresa, tal como ocurrió con Guaidó, quien en diciembre no lo conocía el 3% de los venezolanos y en la actualidad es el líder mejor valorado del país. Tanto Alarcón como Seguías coinciden en la apreciación sobre Rodríguez y Lacava.

Sea por elecciones o por la fuerza militar, los venezolanos tampoco consideran que Maduro ocupe el poder hasta dentro de un año. De acuerdo con Datincorp, solo 3 de cada 10 encuestados (28%) cree que sí es posible que esté en el cargo hasta 2025. 56% no lo cree posible, 12% tiene dudas al respecto y 4% no opinó.

La fecha de referencia del estudio es el 2 de junio, con una muestra de 1.200 entrevistas de forma directa y personal en todo el territorio nacional. El margen de error es de +/- 2,8% y tiene un nivel de confianza de 95%.

A pesar del deseo de elecciones, de la poca popularidad del chavismo y de la reticencia a que ocupe el cargo un año más, la sociedad es consciente de que el problema tampoco se resolverá a corto plazo. A la interrogante de qué creen que ocurrirá los próximos 30 días, en mayo 52% respondió que el gobierno será el mismo, mientras que en febrero la cifra era de 30%. La cifra de personas que creen que habrá un cambio de gobierno en ese lapso de tiempo disminuyó de 53% en febrero a 30% en mayo.

Seguías explicó que esto no significa que los encuestados consideren que sea así, ni que el régimen vaya a ganar un proceso electoral. “Eso es una especie de desesperanza producto de los fracasos que se produjeron por parte de la oposición con la entrada de la ayuda humanitaria y el 30 de abril. Eso genera más frustración y lleva a pensar que Maduro va a seguir en el poder, pero todo eso puede cambiar en cualquier momento”, argumentó.

Los analistas están de acuerdo, al igual que la población, que la solución a la crisis está en los acuerdos. Algo que, visto el panorama de la opinión pública, no resultará fácil de llevar a cabo. El país espera, en caso de darse el proceso, para sufragar en un proceso decisivo para el futuro de Venezuela.

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