• Llegar en la madrugada, esperar bajo la lluvia y soportar el calor son solo algunos de los retos que enfrentan quienes acuden a las jornadas de vacunación en la capital 

“En el plan de inmunización contra el covid-19, usted ha sido seleccionado para colocarle la vacuna. Debe asistir al Hotel Alba Caracas el día 05/06/2021 a las 8:00 am”. Este fue el mensaje que recibió Aura*, de 76 años de edad, el viernes 4 de junio en la tarde para participar en el plan de vacunación nacional. 

La mujer fue seleccionada por el carnet de la patria, pero el mensaje daba muy poco tiempo para prepararse y escasa información sobre el proceso. Sus nietos, Fabián* y Andrea*, habían visto por varios días las fotografías de las jornadas anteriores en redes sociales. Así que ellos decidieron planificar todo. 

El plan consistía en llegar a las 5:00 am, porque las colas que se registraron anteriormente eran sumamente largas. Luego buscarían a su abuela cuando se acercara la hora de la vacunación. 

La jornada de vacunación en el Hotel Alba Caracas

Ambos nietos salieron de casa a las 4:50 am sin tener una idea real de con qué se encontrarán. Cerca de las 5:30 am llegaron a la estación Bellas Artes del Metro de Caracas. 

A simple vista calcularon que habría más de 200 personas haciendo fila desde la madrugada, por lo que caminaron hasta el final de la cola, es decir, a media cuadra luego de doblar la esquina de la estación. 

—¿Ustedes son los últimos?—, Fabián.

—Sí, pero esta es la cola de los que no tienen cita — respondió una mujer.

—¿Es que hay otra cola?— cuestionó Andrea.

—La de los citados por el carnet está por allá por el Metro —, explicó.

—Muchas gracias —, expresaron los hermanos.

La fila de quienes tenían cita terminaba justo en la entrada de la estación. Ambos sintieron alivio, porque parecía que la espera no sería tan larga. Sin embargo, una suave pero insistente lluvia comenzó a arropar a quienes estaban allí. 

Para aprovechar ese contexto, apareció un vendedor ambulante que ofrecía “paraguas baratos”. Una mujer que estaba delante de Andrea señaló que no eran tan económicos como decía y que por eso no había vendido ninguno. 

La lluvia continuaba y quienes organizaron la fila de los que no tenían cita decidieron cambiar de locación y moverse hasta un pasillo que comunica la estación con Parque Central. Allí había techo y no se mojaron tanto. 

Amaneció 

Dos eventos marcaron la salida del sol, alrededor de las 6:00 am. Primero se formó una tercera fila con personal del sector salud. Luego un estridente grito de “Buenos días” se escuchó por toda la cola. 

Acaban de abrir un local de venta de empanadas con el nombre “Pa’ esa” sobre la ventanilla. Luego de saludar animadamente a quienes esperaban por su vacuna, los empanaderos pusieron música y de ahí en adelante el soundtrack de la espera fue una lista de merengue. 

Jornada de vacunación en el Hotel Alba Caracas
Foto: El Diario

Cuando el reloj marcó las 7:00 am se formó una cuarta cola, en esta se alinearon personas con alguna discapacidad visible, en sillas de ruedas, andaderas o con bastones. 

Uno de ustedes debería pasarse para allá, no me dijiste que tu abuelita no puede caminar bien”, dijo la mujer que estaba delante de Andrea.

Los nietos le comentaron cuando llegaron que no tenían cita, pero que le hacían la cola a su abuela porque no podía caminar bien. En octubre del 2020, Aura se cayó y tuvo una fractura de cadera. Un mes después la operaron, pero quedó con dificultades para caminar y la cirugía le produjo un daño renal que ahora está en grado 3. 

Al ritmo de Las Chicas del Can continuaba la espera. Cerca de las 8:00 am llegó el personal que organizaría la entrada de las personas minutos después. Se trataba de funcionarios de la Guardia del Pueblo y de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB). 

La señora Aura aún no llegaba a la fila. Una sobrina la fue a buscar en su carro, pero el tráfico en la ciudad las retrasó levemente. 

Los guardias rodearon todas las colas y pidieron que se alinearan uno tras otro intentando mantener una distancia de al menos medio metro. Nadie protestó, todos atendieron sus instrucciones. 

La entrada al Hotel Alba Caracas

A las 8:00 am aumentó la temperatura en el lugar y la tensión porque ya era la hora que indicaba el mensaje de la cita. En medio del calor llegó nuevamente el vendedor de paraguas, quien ahora ofrecía su producto como “sombrillas para protegerse del sol”.  

Andrea recibió la llamada que anunció la llegada de su abuela. Le pidió a Fabián que fuera a buscarla, mientras ella se quedó en la fila de discapacitados. La cola comenzó a avanzar. 

Foto: El Diario

Aura no podía correr, pero las personas tampoco se detenían. Mientras aguardaba que su abuela llegara a ese punto, Andrea vio cómo separaron a una madre, con evidentes problemas para caminar, de su hija. 

—Yo tengo que ir con ella, porque no puede estar sola—, dijo la hija.

—¿Usted se va a vacunar?, ¿tiene cita?—, preguntó un guardia del pueblo.

—No. Yo voy con ella para ayudarla con sus datos — aclaró la mujer.

—No puede pasar, señora. Ellos deben estar sin acompañantes— insistió el guardia. 

Luego de esa escena, Andrea sospechó que le sucedería lo mismo con su abuela. La fila siguió avanzando y Aura no llegaba. Cuando se acabó esa primera cola, Andrea conversó con un guardia del pueblo para explicarle su caso. 

—Amigo, yo estaba en la fila de discapacitados y ahí viene llegando mi abuela que no puede caminar bien—, explicó Andrea.

—Tiene que hablar con la doctora, ella es la encargada—, expresó el guardia.

—Hola, doctora, ¿cómo está? Mi abuela quedó por fuera de la cola de discapacitados porque venía caminando desde el carro, ¿cuándo pueden pasarla?—, preguntó

—Disculpa, mi niña, eso lo tienes que hablar con el capitán, él da la orden de pasar—, respondió la médica.

“El capitán” era un GNB, alto y de contextura gruesa que, con tono altanero, le decía a todos en las colas qué debían o no hacer. 

Aura llegó acompañada de su nieto y Deivis, un vecino que también fue citado un día antes por el carnet de la patria y se ofreció a acompañarla. Sin embargo, el capitán ya estaba casi al final de las colas dando instrucciones. 

Una funcionaria de la GNB se acercó a Aura y le dijo que ella la iba a pasar porque era la única persona con discapacidad que no entró. Como Deivis tenía cita, la mujer lo dejó ir con ella. 

Solo mayores de 60 años 

Luego de cruzar la reja, un guardia paró a Deivis. Le dijo que la señora debía pasar sola, porque no iban a vacunar personas menores de 60 años por el momento. 

Mientras se retiraba de las instalaciones, Deivis habló con varios guardias y personas que esperaban. Los funcionarios le explicaron que solo había dosis de la vacuna Sputnik V. Esas se las pondrían a los adultos mayores.

Además le informaron que esperaban un camión con un cargamento de vacunas de Sinopharm para el resto de las personas. Después de eso llamó a Andrea para explicarle lo que pasó.

Ambos se encontraron y se fueron hasta el puesto que tenían marcado en la cola de los citados desde las 5:00 am. 

—¿Qué pasó, no pudieron vacunar a tu abuelita?—, preguntó la señora que estaba en la fila con ellos. 

—Ella pasó, pero Deivis iba a entrar con ella y no lo dejaron. Él también tiene cita así que lo voy a dejar aquí—, le explicó Andrea.

—¡Ay, que bueno! ¿Viste? Te dije que era buena idea ponerse en ambas colas—, exclamó la mujer.

Ya eran las 9:00 am y la fila no avanzó más. Así continuó por más de una hora. La mujer que siempre estuvo delante de Andrea y Fabián armó su banquito y se sentó por primera vez en toda la mañana. Admitió que ya estaba cansada porque tenía problemas con las várices. 

Contó que ese banco tenía con ella el mismo tiempo que sus problemas de circulación. Su esposo se lo regaló en 2015, porque madrugaba a hacer cola para comprar alimentos. “Fui al médico y la doctora me preguntó si yo trabajaba paraba. Nada que ver, era que pasaba mucho tiempo de pie en esas colas”, agregó. 

La vacunación

Minutos después avanzó la fila, pero el primer grupo de vacunados aún no salía de las instalaciones. Fabián y Andrea se fueron cerca de la entrada principal, donde podían ver si su abuela salía del hotel. 

En ese espacio estaban dispersos varios guardias, quienes les suministraban una que otra información a quienes se acercaban. 

Algunas personas esperaban en la acera del frente a sus familiares | Foto: El Diario

Un par de jóvenes le pidieron información a un guardia del pueblo. Su tapabocas lo identificaba como J. Valdéz, como si se tratara del famoso personaje del café colombiano. 

Los civiles le explicaron que su mamá entró un par de horas antes y estaban preocupados. Aseguraron que ella tenía un marcapasos y problemas para caminar. Luego de tanta insistencia, Valdéz llamó a un colega que estaba adentro para preguntar por la señora. Le dijeron que aún no la habían vacunado y debían seguir esperando. 

Las personas que se acercaban bombardearon de preguntas a Valdez; el guardia, no el personaje del café. ¿Van a vacunar a las personas con cáncer?, ¿hay  vacunas para los jóvenes?, ¿pueden venir las personas que no tienen carnet de la patria?, fueron algunas de las interrogantes que le hicieron. A casi todas ellas respondía “No te puedo dar seguridad”. 

Andrea y Fabián tampoco tenían información sobre su abuela, pero esperaron sin hacer preguntas. Mientras veían a la puerta llegó un camión del Ministerio de Salud, aparentemente llevaba las vacunas que faltaban. 

Foto: El Diario

Minutos más tarde volvió a avanzar la fila y Deivis pasó el filtro en el que los guardias revisan el mensaje de la asignación de cita. Inmediatamente llamó a Andrea. “Ahí veo saliendo a la abuela, para que se acerquen a ayudarla”, dijo por teléfono. 

A paso lento y escoltada por un miembro de la Milicia iba la señora Aura tras recibir la primera dosis de la Sputnik V. “¿Te dolió?, ¿cómo te trataron?”, le preguntó su nieto. La mujer contestó que todo estuvo bien, pero estaba muy cansada. 

¿Gotas milagrosas?

Aura comentó que dentro hicieron otra fila sentados, les tomaron sus datos para llenar la tarjeta y luego pasaron a la vacunación. Posteriormente recibieron una charla. Allí les explicaron que debían tomar una pastilla de paracetamol y ponerse siete gotas de Carvativir, las gotas “milagrosas” que promociona el régimen de Maduro, debajo de la lengua. Les entregaron ambos medicamentos.

Jornada de vacunación en el Hotel Alba Caracas. Entregaron una pastilla y gotas de Carvativir
Foto: El Diario

Otras indicaciones fueron que no podían fumar o beber alcohol por las próximas 72 horas, que debían cuidar su tarjeta de vacunación porque con eso recibirán la segunda dosis y que podrían tener algún efecto como dolor o fiebre en el transcurso del día. 

Aura salió del proceso de vacunación a las 10:30 am y esperó junto a sus nietos en el carro hasta que su vecino lograra vacunarse. 

Deivis cumplió el mismo proceso cuando entró a las instalaciones del Alba Caracas. La única diferencia fue que recibió la vacuna de Sinopharm. A las 11:30 am ya estaba vacunado y 10 minutos después abandonó el centro de inmunización. 

En total, Andrea y Fabián estuvieron seis horas en los alrededores del Hotel Alba Caracas. Aunque ninguno de ellos iba a vacunarse, sí fueron testigos directos de lo agotador que resulta ponerse la vacuna contra el covid-19 en Caracas y de la desinformación que lo rodea. 

Al alejarse de la estación Bellas Artes, ambos notaron que la jornada estaba lejos de terminar. Las filas eran más largas que cuando empezó la vacunación y ese pedazo de la avenida México continuaba siendo un mar de personas que esperaban para poder vacunarse ese sábado. 

Jornada de vacunación en el Hotel Alba Caracas
Foto: El Diario

*Los nombres de esta crónica fueron cambiados para proteger sus identidades. 

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