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  • A lo largo de sus eras, Caracas ha llenado sus plazas, parques y avenidas con todo un repertorio de esculturas y murales dignos de una galería. Incluso en sus rincones más insólitos alberga espacios donde el arte florece en armonía con lo urbano

Esta nota se publicó originalmente el 15 de abril de 2024

Caracas es un gran museo a cielo abierto. Sus calles y espacios públicos están llenas de obras de artistas reconocidos, la mayoría de ellos venezolanos que dejaron sus creaciones al alcance de la gente. Y si bien existe todo un catálogo de galerías, museos y salas de exposición para visitar, a veces basta un simple recorrido por la calle para encontrar una pieza que cautive la vista.

En 2019, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) declaró de forma oficial el 15 de abril como el Día Mundial del Arte. Se escogió esta fecha en conmemoración del natalicio del maestro renacentista Leonardo Da Vinci, como una forma de promover la creatividad y la multiculturalidad.

Bajo esa idea, la celebración puede ser el momento propicio para conocer la ciudad y aquellas muestras de arte que esconde en sus calles. Algunas son grandes monumentos de sus años dorados; otras, manifestaciones de los nuevos tiempos y del arte urbano que emerge disidente en sus paredes. En todo caso, El Diario presenta una guía con algunas de las piezas que ofrecen una mirada distinta de Caracas.

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Color y movimiento

Un museo al aire libre: las obras de arte de las calles de Caracas
Abra Solar, de Alejandro Otero. Foto: cortesía

Venezuela fue una potencia del cinetismo y la abstracción geométrica durante el siglo XX. En su seno acogió a grandes maestros como Carlos Cruz-Diez, Jesús Soto o Alejandro Otero quienes, como retribución, llenaron varias ciudades del país de colores vibrantes a todo con el movimiento pujante del progreso. Sobre todo en Caracas, de las pocas ciudades en el mundo donde se pueden ver obras de cada uno de ellos sin pagar una entrada. 

Quizás una de las obras más emblemáticas es la Esfera Caracas, aunque también se suele llamar la Esfera de Soto en homenaje a su autor. Fue inaugurada el 8 de diciembre de 1996 cerca del distribuidor Altamira, en la autopista Francisco Fajardo. Igual de icónico es también su Cubo virtual azul y negro, en la plaza Brión de Chacaíto; o Progresión amarilla, en el techo del hall del Teatro Teresa Carreño. Además de su Volumen virtual suspendido, en la planta baja del edificio Cubo Negro.

Un museo al aire libre: las obras de arte de las calles de Caracas
Fisicromía Cóncava- Convexa, de Carlos Cruz-Diez. Foto: cortesía Rodrigo Capriles

Plaza Venezuela es también un lugar lleno de arte. La más llamativa es el Abra Solar, una escultura cinética creada por Otero en 1982 e instalada al año siguiente allí. A pocos metros está otra pieza cinética: Pariata 57, réplica de la escultura del mismo nombre de Omar Carreño e instalada en 2011. Y Fisicromía Cóncavo-Convexa, Cruz-Diez, aunque actualmente esta obra está bastante deteriorada. 

Al igual que Soto, Cruz-Diez dejó un legado de color en la ciudad, que se manifesta en obras al aire libre, como su Cromoestructura ubicada al lado del edificio Banesco de Las Mercedes; Fisicromía Doble Faz, frente al centro comercial Centro Plaza, en Los Palos Grandes; o Columna Cromointerferencia, en el sector La Silsa de Catia. Otras están en espacios cerrados, pero accesibles al público, como las puertas del edificio La Previsora, o la Permutación de Color Aditivo, en el Centro Cultural de Arte Moderno (antiguo BOD), en La Castellana. 

Otero también hizo otras obras como Una flor para el Desierto, ubicada en la plaza frente al Museo de Arte Contemporáneo; o Los Cerritos, estructura que asemeja un papagayo y pintada por su esposa, Mercedes Pardo, que recibe a los visitantes en la autopista Caracas-La Guaira, en Catia. 

En marcha

Un museo al aire libre: las obras de arte de las calles de Caracas
Escultura en relieve, de Lia Bermúdez, en la estación Colegio de Ingenieros. Foto: cortesía

Otro espacio de la ciudad diseñado para albergar arte más allá de su función utilitaria es el Metro de Caracas. Entre el bullicio y el congestionamiento, los retrasos en la hora pico pueden servir para apreciar la cantidad de piezas que forman parte del concepto armónico de cada una de sus estaciones. Por ejemplo, parte del Cubo Virtual de Soto está integrado a la estación Chacaíto. También está su Progresión amarilla.

Chacaíto es una de las estaciones con más obras de arte del sistema, con piezas como El Kaleidoscopio, de Beatriz Blanco y Tres Diagonales, de Narciso Debourg. Comparte ese primer puesto con La Hoyada, donde está Cuadriláteros, de Gertrud Goldschmidt (GeGo); Vitral en cuatro secciones, de Mercedes Pardo; y Armonía de volúmenes y espacios, de Francisco Narváez, en la plaza de su entrada.

Otras obras destacadas son Escultura en relieve, de Lia Bermúdez, en el andén de Colegios de Ingenieros; Concentración para Caracas, de Enrico Armas, en la salida de la estación Chacao; o El nacimiento del hombre, de Héctor Poleo, en La Paz. Ambientación subterránea, de Leonor Arráiz, está en el pasillo de la transferencia entre las Líneas 1 y 2; mientras Doce columnas de Harry Abend y Desplazamiento perforado de Víctor Valera están en la estación Miranda. 

Un museo al aire libre: las obras de arte de las calles de Caracas
El nacimiento del hombre, de Héctor Poleo. Vitral en la estación La Paz del Metro de Caracas. Foto: cortesía

El Metro fue pensado como el gran civilizador de Caracas, y en ese sentido, sus estaciones se integraron al medio urbano a través de toda una red de plazas, bulevares y escaleras que transformaron los sectores donde se construyeron. En esto jugó un papel clave el arte, que llegó a las comunidades con figuras como Homenaje de Gardel, de Marisol Escobar, en la plaza Carlos Gardel de Caño Amarillo; Levitación I, de Rafael Barrios, en el bulevar de Pérez Bonalde frente a la estación Plaza Sucre; o Prisma tridimensional, de Juvenal Ravelo, en la plaza San Martín de Maternidad.

Fuera del Metro, la ciudad también derrocha color para los conductores en las autopistas. Un ejemplo de ello es el nivel inferior de la avenida Libertador, que alberga dos importantes murales. El primero es Uracoa, de Mateo Manaure, que está a lo largo de su eje en el Distrito Capital; y el segundo es Módulos Cromáticos, de Juvenal Ravelo, ya en la entrada del municipio Chacao. En la autopista del este, en Baruta, también está Jardín lumínico, de Patricia Van Lumínico.

La Síntesis de las artes

Labores de restauración del Aula Magna de la UCV Universidad Central de Venezuela Sala de Conciertos Galería Universitaria Dirección de Cultura Empresa Racar Ingenieros C.A. El Diario Jose Daniel Ramos
Foto: Jose Daniel Ramos @danielj2511

Cuando se habla de museos al aire libre, el referente por excelencia en la capital es la Ciudad Universitaria de Caracas. Su autor, el arquitecto Carlos Raúl Villanueva, la llamó “La Síntesis de las Artes” como parte de un concepto artístico y filosófico que buscaba la integración definitiva del arte y el urbanismo del siglo XX. Así, con ayuda de la gestora cultural Sofia Ímber, trajo a sus espacios obras de los más grandes artistas venezolanos y extranjeros del momento.

Esta integración artística al medio se ve en el vitral de la Biblioteca Central, creado por el francés Fenand Léger; o la biblioteca de la Facultad de Ingeniería, con fachada diseñada por Alejandro Otero, quien también hizo murales para los exteriores de las facultades de Arquitectura y Farmacia. También en gran repertorio de murales que forman extensiones mismas del ambiente y en las que colaboraron artistas como Oswaldo Vigas, Armando Barrios, Mateo Manaure, Víctor Valera, Carlos González Bogen, el húngaro Víctor Vasarely o el propio Léger.

Labores de restauración del Aula Magna de la UCV Universidad Central de Venezuela Sala de Conciertos Galería Universitaria Dirección de Cultura Empresa Racar Ingenieros C.A. El Diario Jose Daniel Ramos
Foto: Jose Daniel Ramos @danielj2511

Además de eso, posee una vasta colección de esculturas, donde resalta El pastor de las nubes, del franco-alemán Jean Arp, en la Plaza Cubierta. En ese eje también está Amphion, de Henri Laurens; Positivo-Negativo, de Vasarely y El Dinamismo en 30 grados, de Antoine Pevsner. Al frente, en Tierra de Nadie, destaca también Maternidad, de Baltazar Lobo; y el Monumento a los caídos de la generación del 28, de Ernesto Maragall.

Igualmente, existe una gran cantidad de esculturas de Francisco Narváez a lo largo del campus, como La Cultura, en la plaza del Rectorado: La Ciencia; en el Instituto Anatómico José Izquierdo; La Educación, en el Instituto de Medicina Experimental; y El Atleta, en la entrada del Estadio Olímpico.

Pero la mayor integración artística, y referente de la UCV, está en las Nubes flotantes, creadas por el estadounidense Alexander Calder para el Aula Magna, y que además de ser un elemento decorativo, están diseñadas para amplificar el sonido, convirtiéndola en una de las salas con mejor acústica en el mundo. Fuera del campus, a la vista de la ciudad, también está el mural Conductores de Venezuela, del caricaturista Pedro León Zapata, en el muro exterior del Gimnasio Cubierto, de cara a la autopista.

Clásicos y monumentales

Un museo al aire libre: las obras de arte de las calles de Caracas
El mito de Amalivaca, de César Rengifo

Desde los tiempos de Antonio Guzmán Blanco, quien gobernó Venezuela en tres ocasiones a finales del siglo XIX, comenzó el interés por llenar a Caracas de espacios públicos que fueran acogedores y ornamentados para el disfrute de los peatones. Antes de eso, el arte de la época colonial tenía una impronta más religiosa, que convierte a iglesias como la capilla de San Francisco, en el centro, en auténticas galerías con su retablo mayor. 

Los parques y plazas también poseen grandes muestras escultóricas, como El Calvario, con el aire parisino que amaba Guzmán Blanco, y lleno de bustos y estatuas que parecieran en cualquier momento devolver la mirada; Parque Carabobo, con su fuente construida por Narváez, quien también hizo las Las Toninas de la plaza O’Leary, en El Silencio.  El parque Los Caobos también alberga en su interior la Fuente Monumental, de Ernesto Maragall, que era la fuente original de Plaza Venezuela y sus esculturas son alegorías a las regiones del país. En ese mismo lugar hay también esculturas como Ícaro, de Felipe Herrera; Trompetilla para sordos, de Marcos Salazar; y En doblez, de Sydia Reyes.

Murales de Badsura
Mural de Simón Díaz pintado por Badsura. Foto: cortesía

En El Silencio, ocultos entre los lúgubres pasajes de las torres del Centro Simón Bolívar, se esconden joyas de murales como El Mito de Amalivaca, de César Rengifo y Homenaje al Hombre Americano, del ecuatoriano Oswaldo Guayasamín. Dentro de esta corriente más nacionalista también destacan las obras del Paseo Próceres, una oda de mármol y bronce a los héroes de la independencia, con bajorrelieves de Hugo Daini y estatuas de Arturo Dazzi y Ernesto Maragall.

Caracas está llena de esculturas y murales por descubrir en sus esquinas más recónditas. Desde la Enredadera Geométrica de Alberto José Sánchez en la plaza Don Bosco de Altamira, hasta El volver, del colectivo Essencia, en el bulevar de Sabana Grande. Incluso intervenciones de artistas urbanos como Badsura y Saz Oner, o de todo un movimiento popular de muralismo que llena de colores los barrios y que, al menos por un momento, roban alguna mirada en el caos de la rutina.

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